El gran dios Pan: Una puerta hacia lo oculto en la literatura fantástica

Pocos dioses han sufrido un destino tan aciago a manos de los hombres como el dios Pan. Surgido de las plegarias de los bucólicos pastores de Arcadia, Pan representa una figura singular en el panteón griego. Su historia es tan rica y variada como contradictoria, reflejando las múltiples facetas de la naturaleza y la psique humana. En cuanto a su origen, Pan es descrito en diversas fuentes con linajes diferentes. Según el himno homérico a Pan, es hijo de Hermes y una hija anónima de Dryops. Otras fuentes, incluyendo a Heródoto, Cicerón e Higinio, lo identifican como hijo de Hermes y Penélope, la esposa de Odiseo. Píndaro y Hecateo incluso llegan a mencionar a Apolo como su padre. La complejidad de Pan no termina en su nacimiento. Aegipan, una deidad caprina, a menudo confundida o fusionada con Pan, jugó un papel crucial en la mitología. Criado junto al joven Zeus por Amaltea en Creta, Aegipan  ayudó a Hermes a recuperar los tendones de Zeus que Tifón había escondido en la cueva Coricia. Durante la batalla de los titanes, Pan, con un grito espantoso, dispersó a los enemigos que huyeron presas del terror. Existe un debate sobre si Aegipan era hijo o padre de Pan.

El aspecto más conocido de Pan es, sin duda, su naturaleza salvaje y su conexión con el pánico, un miedo irracional que lleva su nombre. Se decía que Pan era especialmente irascible si se le molestaba durante sus siestas. Los habitantes de Arcadia evitaban despertar a nadie durante la siesta, para no interrumpir su conexión con el dios Pan. Esta deidad era, en esencia, la personificación de la naturaleza indómita.

Su vida amorosa era igualmente tumultuosa. Famoso por sus apetencias sexuales, se le atribuyen numerosas conquistas. Entre ellas, la seducción de la diosa lunar Selene. Su encuentro con la ninfa Siringa es particularmente célebre, dando origen a la flauta de Pan. Perseguida por el dios, la ninfa terminó convertida en un cañaveral para escapar, y Pan, frustrado, escuchó el sonido del viento al atravesar el cañaveral y decidió cortar algunas de las cañas dando origen a la flauta  creó un instrumento musical que se llamaría siringa.

dios pan persiguiendo a la ninfa siringa

Pan también tuvo encuentros trágicos, como con Eco, una ninfa que rechazó su amor y fue despedazada por sus seguidores a instancias de un Pan colérico. En algunas versiones, Eco y Pan tuvieron hijos, mientras que en otras, Eco se enamoró de Narciso. Otra amante de Pan fue Pitis, quien fue transformada en pino para escapar de él. En una versión alternativa, tras una disputa entre Pan y el dios del viento Bóreas por Pitis, esta última murió y fue transformada en árbol por Gaia.

La muerte de Pan es otro aspecto fascinante.

Según Plutarco, Pan es el único dios griego que realmente muere. Durante el reinado de Tiberio, un marinero llamado Thamus oyó una voz divina que anunciaba la muerte de Pan. Esta noticia fue recibida con lamentos en la costa. Los apologistas cristianos, incluyendo a Eusebio de Cesarea, interpretaron esto como el fin de todos los demonios, jugando con la palabra «pan» que en griego significa «todo». Rabelais y Anne Catherine Emmerich ofrecieron interpretaciones alternativas sobre la muerte de Pan, vinculándola a eventos cristianos. G.K. Chesterton sugirió que la «muerte» de Pan simbolizaba el advenimiento de la teología y el fin del mundo mitológico.

La demonización del dios Pan

A través de los siglos, la figura del dios Pan ha experimentado una profunda evolución. Originalmente venerado en Arcadia como un símbolo de libertad y alegría natural, Pan fue reinterpretado de manera significativa con el auge del cristianismo. En este nuevo contexto, su imagen pasó de ser una encarnación de lo bucólico y lo divino a un emblema de pecado y corrupción moral. Este cambio refleja un esfuerzo por diferenciar lo sagrado de lo profano dentro del marco cristiano.

La transformación de Pan no se detuvo en la simple demonización de sus atributos. Su teriomorfismo, antes un símbolo de su conexión con lo terrenal y divino, se convirtió en una señal de impureza. La percepción de sus cuernos cambió dramáticamente; lo que una vez fue un vínculo con la naturaleza se transformó en un símbolo del mal en la cosmovisión cristiana.

el dios pan representado como el demonio

Esta reinterpretación de Pan como una figura diabólica no fue un fenómeno aislado, sino más bien un resultado de la confluencia de culturas y creencias en la Europa medieval. Pan, con su naturaleza libre y desafiante, se fusionó en la imaginación popular con la figura del Diablo. Así, el dios griego de la naturaleza se convirtió en un símbolo de tentación y depravación, ejemplificando los peligros de desviarse del camino de la rectitud.

En la mentalidad cristiana, el espíritu indomable de Pan, antes celebrado, se percibía como una amenaza. Su libre expresión sexual, ajena a las normas humanas, desafiaba las nociones cristianas de castidad y ascetismo. En respuesta, los moralistas de la época lo retrataron como un ser de lujuria y engaño, una antítesis completa de los valores cristianos.

Incluso la música de Pan, símbolo de libertad y espontaneidad, se convirtió en un motivo de conflicto cultural. En una sociedad cada vez más regulada, su flauta representaba un desafío a las normas establecidas, recordando tiempos más simples y menos estructurados.

Con el tiempo, la figura de Pan se entrelazó con movimientos culturales y artísticos, especialmente con el simbolismo y el interés en lo oculto de finales del siglo XIX y principios del XX. Autores como Arthur Machen revivieron a Pan en este nuevo contexto cultural, utilizando su imagen para explorar temas místicos y antiguos. Pan se convirtió en un símbolo de lo salvaje y lo primigenio, resonando con los anhelos de una sociedad en transición.

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portada libro el gran dios Pan de Arthur Machen

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